David Méndez Pérez lleva ‘Un Imaginario de Naturalezas’ a Gran Canaria


  • Del 1 de octubre al 6 de noviembre de 2015.
  • En la Fundacion Mapfre Guanarteme. Edificio Cultural Ponce de León. Las Palmas de Gran Canaria.

David Méndez Pérez lleva ‘Un Imaginario de Naturalezas’ a Gran Canaria.

Ignacio Baeza Gómez, Presidente de la FUNDACIÓN MAPFRE Guanarteme, se complace en invitarle a la inauguración de la exposición Un imaginario de naturalezas de David Méndez que tendrá lugar el jueves 1 de octubre de 2015, a las 20.00 horas en Edificio Cultural Ponce de León. La exposición se podrá visitar hasta el 6 de noviembre de 2015.

El poliedro naturalista: la imagen de David Méndez

Aún vivía el gran dictador y se pintaban paisajes amables, enraizados en el posimpresionismo (es un estilo que será eterno) del neocanario y que también evocaban la plasticidad perdida del nuevo realismo, cuando una generación de jóvenes licenciados, formada por maestros de peso comenzó a exponer en los primeros años de la década de 1970. Se les puso ese nombre y el tiempo lo consolidó, aunque solo se aplicaba a un grupo reducido de creadores, siendo esa década enormemente diversa en cuanto a filiaciones y estéticas vanguardistas o semivanguardistas. El hecho fundamental que surgía de esa nueva pintura canaria de aquellos nacidos en torno a 1950 fue que la visión de la naturaleza (no voy a decir del “medioambiente” que es una construcción política), el naturalismo pictórico de las islas volvía a alinearse con las dinámicas artísticas internacionales. Se rechazaban los vesti gios del pintoresquismo adoptando y adaptando el expresionismo abstracto de corte norteamericano y aplicándolo a la interpreta ción de los barrancos, las cumbres, los valles y el litoral.

Sacudidas similares habían marcado la historia artística y cultural de Canarias, sacudidas que reflejaban la tardía llegada y recepción de la modernidad. Esto pasaba con el ímpetu romántico de Cirilo Truilhé, una vez que regresó a Tenerife tras su experiencia formativa en Francia. Continuó con la imagen naturalista-realista que ya había iniciado González Méndez y que impulsó Valentín Sanz y la Escuela de La Laguna (la de entonces no la presente). Y siguió con la última rebelión ilustrada (esta mucho más comprometida) que modificaba los objetos de interés y el objetivo conceptual del paisaje mediante la nueva plasticidad y la simplificación radical del volumen y del color que supuso la difusión del nuevo realismo.

En nuestro caso, el más reciente, después de que los barrancos, los cielos y los mares de Canarias se convirtieran en abstraccio nes de fuerzas de color disolviendo los vínculos retinianos que imponía la singular orografía del paisaje canario, las décadas de 1980 y 1990 trajeron consigo más aire fresco del norte, esta vez europeo: la transvanguardia, el neoexpresionismo, el pop y finalmente una nueva neoplasticidad de esencia posromántica.

Cada uno de estos influjos tuvo a creadores concretos que inte riorizaron sus formas, añadiendo (o partiendo) de unos rasgos identitarios que ya habían moldeado el surrealismo histórico en Canarias, la consciencia o la semiconsciencia de la existencia insular, que curiosamente predispone hacia el simbolismo suprarrealista.

No me parece posible comenzar a penetrar la múltiple estética naturalista de David Méndez sin antes tener en mente, aunque sea de modo harto veloz, estos hitos que han abonado el rico sustrato de la pintura naturalista en los albores del tercer milenio. La imagen de Méndez no se centra en la creación de una iconografía estable y única, sino en la expresión diversa y continua de todo lo que naturaleza le causa al autor, en términos sensoriales y mentales.

Su exploración naturalista tiene polos y tensiones que van produciendo o escenificándose en imágenes de realismo fotográfico o de abstracción matérica pura, usando ambos medios para fijar percepciones y estados que son muy similares entre sí. También ahonda en los registros de la abstracción para establecer una sintaxis y un sincretismo, en sus “círculos” dinámicos o en sus pinturas “dobles” de campos de color contrastados aunque unidos por una relación nuclear. El color y la textura le conducen, asimismo, a visiones abstractas casi puras, alejadas de la representación o de la significación visual. Otro registro, no voy a decir el último pues estaría cerrando una taxonomía abierta, lo encontramos en sus collages de transparencias. En estos, las imágenes de árboles, ramas y follajes, actúan sobre contextos culturales, sobre textos varios. En estos dibujos la naturaleza  pugna con el color que aparece diseminado e incompleto, y contra una nebulosa, metáfora del olvido y de la desnaturalización de nuestra compleja sociedad digital, son como mapas esenciales de la impresión primera o primaria del árbol, mapas neuronales que reducen a consignas y esquemas la visión y la relación fundamental con la tierra.

Cuando observamos las fotografías tratadas de David Méndez comprendemos que en verdad lo que el artista desea es hacer pictorialismo, usar la imagen natural para enfatizar en ella lo que ve el ojo del pintor y el artificio de la pintura. Una de estas, un barranco a contraluz, me hizo recordar dos referencias históricas bien distintas. Una es la impactante perspectiva romántica (clásicamente romántica pues es del periodo) que empleó J. J. Williams en el grabado de la entrada al Barranco de Badajoz, y que aparece en la Historia Natural de las Islas Canarias; la otra, la fuerte contraluz de los paisajes de la Caldera de Taburiente de Francisco Concepción. Méndez abarca así, inconscientemente, con su armonía fotográfica, la diversidad de una sensibilidad naturalista, desde la raigambre espiritual del romanticismo o los acentos posimpresionistas más puros del paisajismo canario. Esta fotografía articulada en términos de pintura tiene su envés abstracto en los cuadros círculos, auténticas paletas de la naturaleza que sintetizan en clave oculta los ritmos y las fuerzas físicas, nos ofrecen una visión giroscópica y elevada, a la vez que interiorizada de la tierra. Los registros abstractos continúan en cromatismos libres y también en planos matéricos que recuerdan, lejánamente el colour-field painting. Es este polimorfismo el que proporciona las claves de la escritura estética de un joven pensador pictórico de la naturaleza.

Jonathan Allen

Sobre arte y naturaleza

Investigar en la naturaleza desde el arte, puede llevar a crear una relación entre ésta y los propios propósitos formales, pretendiendo suscitar el concepto de naturaleza desde la propia plástica, incidiendo en aspectos como la transformación o la esencia. Es posible crear esta relación tratando de ser naturaleza desde un producto de la plástica y la imaginación. Así, dar forma a un conjunto artístico aludiendo a la naturaleza se convierte en metáfora de la creación, porque a través de un proceso creativo intuitivo se pueden lograr imágenes espontáneas, imágenes orgánicas en las que la naturaleza pio proceso de creación, imágenes acordes con el principio de todas las operaciones naturales, libres de artificio (aunque, en definitiva, todo arte pueda considerarse un artificio). De este modo, no siempre es necesario recurrir al naturalismo para aludir a la naturaleza, ya que más que representar, ésta también se puede expresar, aportando nuevas perspectivas que consigan sensibilizar al espectador y desatando reflexiones sobre el concepto investigado, creando un imaginario a partir de las experiencias registradas.

Desde la perspectiva de Wilhelm Worringer, este afirma que:

«[...] la obra de arte se halla al lado de la naturaleza como un organismo autónomo equivalente [...] y, en su más hondo ser, sin nexo con ella, si es que por ‘naturaleza’ se entiende la superficie visible de las cosas»

Sin pretender representación alguna, ni buscar un nexo formal directo con los referentes, en estas obras hay un nexo en la forma análoga en que naturaleza y proceso creativo pueden llegar a desarrollarse, es decir, a través de una evolución sin cálculo, sin premeditación en su generación. Perseguía encontrar un paralelismo en el proceso de creación entre la pintura y aquello que visualmente se percibe de la naturaleza, los fenómenos que forman parte del universo físico, o sea, todo lo vinculado a los organismos vivientes, a lo que está continuamente en proceso de crecimiento y transformación, y a los estados de la materia.

Pretendía establecer una relación de semejanza entre la naturaleza como espacio orgánico de transformaciones constantes, y la pintura como un organismo autónomo equivalente, que se corrobora a través de las cuali dades y posibilidades del medio pictórico.

David Méndez Pérez

David Méndez Pérez.

David Méndez Pérez.

David Méndez Pérez.

Este artista nacido en Santa Cruz de La Palma en 1975 se licenció en Bellas Artes en la Universidad de La Laguna y más tarde se trasladó a Granada becado por la Fundación Rodríguez Acosta y el Ministerio de Educación y Ciencia.  Ha expuesto su obra en distintos espacios y salas de arte de las Islas a través de más de una docena de propuestas a título individual. Asimismo, ha participado en numerosas colectivas con series de pinturas en las que conviven paisajes, retratos y naturaleza. Muchos de sus trabajos han sido incluidos en colecciones de galerías de arte, entidades privadas y organismos públicos.

Méndez cuenta, además, con numerosos reconocimientos a su labor artística como primer premio Atrium’14,  la octava edición del Concurso de Pintura Rápida al aire libre Francisco Concepción (julio de 2014), el ‘XXII Premio de Pintura y Escultura Óscar Domínguez’ (2009), el ‘Premio Enrique Lite’ (2004),una mención especial en el ‘V Certamen de Pintura Puerto de la Luz’, Sala de Arte La Regenta (20009), el premio de pintura ‘Viña Norte Humboldt’ (1999), o el ‘Premio de Artes Plásticas de CajaCanarias’ (1999), entre otras distinciones.

Más info >> davidmendezperez.com

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