El Aguere Espacio Cultural acoge la exposición “María Montez, de La Palma a Hollywood”


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Del 19 de Diciembre de 2012 al 9 de Enero de 2013.

En el Aguere Espacio Cultural. La Laguna.

Exposición “María Montez, de La Palma a Hollywood” 100 años del nacimiento de la actriz.

Los días 19, 20 y 21 de diciembre se proyectarán tres de las películas más destacadas de la actriz.

El Cabildo de La Palma conmemora el centenario del nacimiento de la actriz de Hollywood, María Montez, hija de Isidoro Gracia García, natural del municipio de Villa de Garafía, en el Norte de la isla de La Palma. María Montez ocupó una parte destacada del celuloide en un periodo de entreguerras mundiales, con películas de evasión y fantasía, quedando coronada para la historia como la “Reina del Tecnicolor”.

Para recordarla, el Institución palmera ha preparado una exposición que, a través de documentación contemporánea a la actriz y proyecciones de sus películas, pretenden dar a conocer a los canarios la figura la “Reina del Tecnicolor”. Tras su paso por la isla de La Palma, la exposición se traslada a la isla de Tenerife, donde se podrá visitar del 19 de Diciembre de 2012 al 9 de Enero de 2013 en el Aguere Espacio Cultural en La Laguna.

La inauguración de la exposición “María Montez, de La Palma a Hollywood”  tendrá lugar el próximo miércoles 19 de diciembre a las 20:30 horas en el Espacio Cultural Aguere (C/ Herradores, nº 47. La Laguna. Tenerife).

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Proyección deTitulo: “María Montez ”

Miércoles 19 de Diciembre de 2012.

A las 20:30 horas proyección “La Reina de Cobra” (1944).

Sinopsis: En la víspera de su boda con Ramu, en una isla de los Mares del Sur, la bella Tollea es raptada y trasladada hasta la Isla de Cobra, donde reina una malvada sacerdotisa. Ramu, acompañado por su joven amigo Kado, cruzará el océano Pacífico en busca de su amada, dispuesto a sortear todos los peligros que sin duda le aguardan. En realidad, Tollea tiene una hermana gemela llamada Naja, que se ha convertido en una mujer cruel y ambiciosa, que pretende usurpar el trono que le corresponde a Tollea. Por eso, la abuela de ambas gemelas, ha dispuesto el regreso de Tollea, para que ayude a deponer el poder maligno de Naja. ENTRADA 3 EUROS.

Jueves 20 de Diciembre de 2012.

A las 20:30 horas proyección “Alí Baba y los 40 ladrones” (1944).

Sinopsis: La acción tiene lugar en Bagdad y alrededores a mediados del s XIII. Alí Babá, hijo del califa, es criado y protegido por 40 ladrones tras la muerte de su padre a manos de los soldados de Hugalu Khan, un malvado que obtuvo la ayuda del traidor Cassim. Con el tiempo Alí se convierte en el líder de la banda de ladrones, decidido a luchar por la liberación de su país y el amor de Amara, hija del príncipe Cassim. Clásica cinta de aventuras, recrea libremente uno de los relatos de “Las mil y una noches”. ENTRADA 3 EUROS.

Viernes 21 de Diciembre de 2012.

A las 20:30 horas proyección “Las Mil y una Noches” (1942).

Sinopsis: Kamar-Al-Shaman, hermano del califa Harum-Al-Raschid, ama intensamente a la bailarina de un circo ambulante llamada Sheherezade, una hermosísima muchacha que ha prometido que no se casará con nadie, como no sea un califa, con lo que Kamar se subleva contra su hermano para destronarle. Harum escapa, perseguido por Kamar, pero es salvado por Ali-Ben-Alí, que pone el anillo de califa en la mano de un muerto y convence a Sheherezade para que ayude al malherido Harum. Todos se enrolan en el circo donde Harum no desvela su secreto y huyen al saber que Kamar domina la situación. En la huida Sheherezade y Harum se van enamorando. ENTRADA 3 EUROS.

La venta de entradas se realizará en la cafetería de Aguere Espacio Cultural de martes a jueves 16.00 a 00.00 horas y de viernes a domingo de 16.00 a 02.00 horas.

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MARIA MONTEZ
(1912-1951)

Medía 1’70.
María Africa Gracia Vidal de Santo Silas (nombre real de Maria Montez) nació el 6 de junio de 1912 (otras fuentes citan 1917) en la ciudad de Barahona, sita en la República Dominicana.

Hija de un diplomático español oriundo de las Islas Canarias llamado Isidoro Gracia García, María sintió desde niña una gran atracción por el mundo del cine, soñando desde temprana edad con convertirse en actriz de Hollywood.

Este sueño logró hacerse realidad cuando después de trasladarse a los 23 años a Nueva York para probar fortuna en el mundo de la moda, fue contratada por los estudios Universal a comienzos de los años 40. En esos momentos adoptó el nombre artístico de María Montez, en homenaje a una bailarina llamada Lola Montez.

A pesar de haberse casado en 1932 y divorciado en 1939 con el ciudadano estadounidense William McFeeters, banquero delegado en la República Dominicana del First National City Bank, María conservaba un fuerte acento hispano, que junto a su latina presencia, la convirtieron en “el ciclón caribeño”, apelativo que definía su actitud y apariencia física.

En 1941 debutó en la gran pantalla con la película “La mujer invisible”, un film de ciencia-ficción que dirigió A. Edward Sutherland y protagonizó Virginia Bruce.

Su belleza fue un factor esencial para comenzar a intervenir en variadas producciones de corte exótico y aventurero, muchas ellas de serie b y rodadas con una colorista fotografía que le granjeó el calificativo de reina del technicolor durante toda la década de los cuarenta.

Títulos como “Las Mil y Una Noches” (1942) en donde encarnaba a Sherezade bajo las órdenes de John Rawlins y el acompañamiento de Jon Hall y Sabu (habituales partenaires en el reparto de este tipo de films), “La salvaje blanca” (1943) y “Ali Baba y los cuarenta ladrones”, ambas realizadas por Arthur Lubin, “La reina de Cobra” (1944) de Robert Siodmak, “Alma zíngara” (1944) de Roy William Neill, “Sudan” (1945) de John Rawlins, o “La Atlántida” (1948) de Gregg Tallas, confirmaron su atractivo escapista para un público inmerso en un difícil período bélico y postbélico.

En los años finales de la década de los 40 y ante el declive de su popularidad en Hollywood, María intervino en varias películas rodadas en tierras europeas, todas de carácter aventurero (entre ellas “La venganza del corsario” (1951) de Primo Zeglio) y de escasa trascendencia en su filmografía.

En 1943 se casó con el actor francés Jean-Pierre Aumont, con quien tuvo una hija, la futura actriz Tina Aumont.

En 1951 falleció debido a un ataque al corazón que se produjo cuando se encontraba en el baño de su casa parisina. Tenía solamente 34 años.

Su origen.

Los orígenes de María Montez están estrechamente vinculados a la isla de La Palma. Es en esta isla donde nació su padre, Isidoro Gracia García, y donde aún se conserva la casa familiar, en la localidad de Garafía. Isidoro era hijo de Joaquín Gracia Anadón, aragonés afincado en La Palma, y de María Antonia García Martín, palmera de nacimiento. Las dificultades económicas de la familia obligaron a Isidoro y a su hermano Joaquín a emigrar en busca de fortuna, primero a Cuba y posteriormente a la República Dominicana, donde fijaron su residencia en la localidad de Barahona. Ahí fue donde Isidoro conoció a la que se convertiría en su compañera y, tras casi dieciséis años de convivencia, en su esposa, María Teresa Vidal Recio.

Fruto de esta unión nacieron diez hijos. La segunda de estos fue María África Gracia Vidal, que para la posteridad ha quedado inmortalizada como María Montez. Gracias a las investigaciones de Antonio Pérez Arnay, el principal biógrafo de la actriz, ha quedado establecido que su fecha de nacimiento fue el 6 de junio de 1912 y no otras fechas posteriores en hasta ocho años, como se encargarían de proclamar los agentes publicitarios y la propia María, consciente de que intentaba abrirse camino en el cine ya al borde de la treintena, una edad relativamente tardía en aquellos tiempos. Su espléndido físico contribuía a hacer pasar como verdadera esta pequeña argucia.

Desde pequeña, María demostró poseer una personalidad soñadora y altamente extrovertida, que contagiaba de optimismo a todos cuantos la rodeaban. También, en medio de una familia tan numerosa, supo desarrollar ciertas dotes de mando con el fin de hacerse notar y no pasar inadvertida entre toda esa marabunta.

Con diecisiete años, María tendría oportunidad de conocer tierra canaria, pero no por voluntad propia. A finales de 1929, María viajó con su padre a Santa Cruz de Tenerife, donde sería internada en un colegio de religiosas. La intención paterna era hacerle olvidar a un cincuentón del que María pretendía estar enamorada. Aunque María obviamente no fue feliz durante el tiempo que duró esta reclusión, posteriormente recordaría con cariño este período de su vida. Incluso en una de sus películas, Tangier (1946), su personaje, interrogado por sus orígenes, responde: “Soy de Tenerife, en las Islas Canarias”.

No resulta difícil imaginar que esta línea de diálogo fuera una aportación de la propia María al guión del film.En octubre de 1930, María regresó a Barahona, donde, pese a la oposición paterna, reanudó sus relaciones con el banquero irlandés William G. MacFeeters, con el que terminaría casándose en 1932. El matrimonio se trasladó a Puerto Rico y María inició su proceso de sofisticación entre el selecto grupo de amistades de su marido. Pero esta vida un tanto vacua no terminaba de satisfacer a la inquieta María, la cual, encantada, aceptó la invitación de unos duques alemanes para pasar unas vacaciones en Nueva York. Lo que en principio iba a ser una corta estancia se convirtió en el fin de su matrimonio, ya que María, tras saborear el ritmo vertiginoso de la gran urbe, no estaba dispuesta a regresar a su vida anterior. La futura actriz siempre guardaría, no obstante, un gran cariño hacia su primer marido.

La artista

En Nueva York, no tardó en destacar gracias a su atractivo y a su capacidad para estar en los lugares adecuados en el momento justo. Así, consiguió pronto trabajo como modelo y de ahí a hacer unas pruebas para entrar en el mundo del cine solo había un pequeño paso. María terminó aceptando una oferta de los estudios Universal y en julio de 1940 se trasladó a Hollywood, donde, ya desde un primer momento, se convirtió en María Montez, nombre que los agentes consideraban más sonoro que el suyo auténtico. Sus primeras apariciones en la gran pantalla consistieron en películas de bajo presupuesto, alternadas con alguna pequeña intervención en películas de mayor envergadura. Descontenta con el tratamiento que se le daba y a la espera de que llegase su gran oportunidad, María se autopromocionaba con campañas publicitarias como MMF (Make Montez Famous). También entraba en los sitios anunciándose: “Soy la Montez”. Ella misma fue, sin duda, su principal agente de ventas. Su gran salto llegó con La Venus de la selva, que dio paso a uno de sus films más famosos y el primero de la serie de fantasías orientales por las que es hoy más recordada, Las mil y una noches, de 1942. Es en este mismo año cuando María Montez conoce al que se convertiría, en 1943, en su segundo marido, el también actor Jean Pierre Aumont.

Los años de la Segunda Guerra Mundial son los años de gloria de la actriz, sucediéndose grandes éxitos como Ali Baba y los 40 ladrones o La reina de Cobra, ya que el público estaba ávido de este tipo de vehículos escapistas y llenos de colorido para olvidar por unas horas la terrible realidad de la guerra. Coincidiendo con el fin de la contienda, los espectadores comienzan a cansarse de esta fórmula y las películas de María van decreciendo en popularidad, siendo varias de ellas filmadas en blanco y negro y con un presupuesto reducido. En 1946, María da a luz a su hija María Christina, que con el tiempo se convertiría también en actriz, primero como Tina Marquand (apellido de su entonces marido, el actor Christian Marquand) y, tras su divorcio, como Tina Aumont, que es el nombre por el que se la recuerda. En 1949, tras el fracaso comercial de La Atlántida, que, por otro lado, permanece como uno de los títulos emblemáticos de María Montez, el matrimonio Aumont decide abandonar Hollywood y se trasladan a París, con la intención de abrirse camino en el cine europeo. En este período, María actuó incluso en una obra de teatro escrita por su marido, L’ille heureuse. Participó además en un puñado de películas de nacionalidad francesa e italiana. Con ocasión del estreno de una de ellas, El ladrón de Venecia, recibió las mejores críticas de su vida por su trabajo como actriz.

Pero siempre declaraba que su mayor ambición artística era rodar una película en español. Y este deseo estaba a punto de convertirse en realidad con un proyecto del productor Cesáreo González titulado La maja de Goya, cuando aconteció su trágica muerte, el 7 de septiembre de 1951, a la edad de treinta y nueve años. María tenía la costumbre de tomar baños muy calientes como medida preventiva para el sobrepeso. En esta ocasión, se produjo un fallo cardiaco que hizo que su cuerpo se deslizara suavemente bajo el agua. Cuando su hermana Adita la encontró, nada pudo hacerse por reanimarla. El 11 de septiembre, el coche fúnebre atravesó las calles de París, cubierto de flores y en medio de un gran silencio. Sus restos reposan en el cementerio de Montparnasse.

La reina del tecnicolor.

María Montez, uno de los grandes mitos de los años dorados de Hollywood, fue para toda una generación de españoles la reina del tecnicolor (así se escribía en aquella época, sin la hache intercalada). En efecto, en unos años en que las películas en color se rodaban aún a cuentagotas, pues lo que imperaba era el cine en blanco y negro, y en que, a su vez, estas películas, tal vez porque el coste impuesto por las productoras para su distribución era mayor, habitualmente llegaban con varios años de retraso a España. Las películas de María Montez eran de las pocas que llegaban con una cierta puntualidad (algunas con dos o tres años de retraso, pero otras a los pocos meses de su estreno en Estados Unidos) y representaban, por tanto, todo un universo de escapismo fastuoso, colorista y altamente estimulante para la triste realidad española de los años cuarenta.

Su reinado fue breve, el de los años de la Segunda Guerra Mundial, y en España un poco más tarde, ya que sus películas comenzaron a estrenarse en 1945, coincidiendo con el fin de la contienda. Pero su recuerdo ha perdurado a lo largo de generaciones como una de las encarnaciones más genuinas del kitch hollywoodiense, en su vertiente de delirios orientales, o también de lo que se entiende como camp, algo que pertenece irremediablemente a otros tiempos.

La persona cinematográfica de María Montez comprende fundamentalmente dos grandes bloques: el de sus fantasías orientales, tipo Las mil y una noches o Alí Baba y los 40 ladrones y sus fantasías en islas paradisíacas, habitualmente tapada con un ropaje mínimo, lo que se conoce como sarong, en títulos como La Venus de la selva, La salvaje blanca o La reina de Cobra, donde interpretaba dos papeles: el de la perversa sacerdotisa de la isla y el de una nativa que finalmente resulta ser su hermana. Algunas lenguas afiladas comentaron que era imposible distinguir cuando estaba interpretando un papel u otro. Y es que en todas estas películas de lo que se trataba, aparte de remarcar el carácter exótico que le proporcionaba su ascendencia latina, era de potenciar al máximo su esplendorosa belleza física.

Las cartas de María a su primo Armando.

María Montez mantuvo correspondencia con su primo Armando Gracia San Fiel (1913-1997), hijo de su tío Aquilino. La serie se conserva en su archivo particular, hoy en día custodiado por su hijo Armando Gracia Santamaría, residente en Madrid.

En esas cartas, María se muestra sencilla, próxima, comunicativa y curiosa por sus familiares de España, coincidiendo con el momento en que ya se encontraba en la cumbre de su carrera cinematográfica. Marcan la tónica general sus verdaderos sentimientos y afectos y se observa cómo en algunas, de hasta seis páginas, sólo una o dos se detienen en su fastuosa vida profesional. La actriz muestra deseos de establecerse con su madre y hermanos en Teruel, intenciones que nunca vio cumplidas: «Tan pronto se acabe la guerra -afirma- mamá piensa ir a vivir a España, tal vez en Barcelona o Teruel y se lleva allá a Luis, Jaime y Teresita y formar hogar adonde está nuestra familia pues en Santo Domingo no tenemos nosotros a nadie, sólo el primo Aquilino». Muestra con estas palabras que algo muy especial sentía por Teruel. Sin lugar a dudas, el recuerdo de su abuelo aragonés estaba vivo en la familia Gracia Vidal. Esperaría, seguramente encontrar en tierras turolenses a la familia Gracia y Anadón, en un Teruel que por esos años vivía la dura posguerra civil mientras ella acariciaba la fama mundial.

En otra de sus cartas vuelve a referirse a la tierra natal de su abuelo, interesándose por ella: «¿Cómo es Zaragoza, hay buena Universidad allá? [...] Te agradecería infinito si me das detalles al respecto -cuánto cuesta al mes en Madrid o Zaragoza un apartamento chico o una casa bien de alquiler, y qué tal es la vida por allá, adónde está la mejor Universidad y qué clase de clima se goza». Por este y otros contactos epistolares se deducen sus proyectos destinados a dar estudios a sus hermanos menores en alguna institución española. No sabremos nunca qué planes había concebido María para el futuro de sus hermanos, pero sus cartas nos descubren a una mujer rebosante de cariño por los orígenes de sus antepasados y el destino inmediato de su familia. Canarias ocupa también parte de las cartas de María: «No te olvides -escribe a su primo- en tu próxima de darme las direcciones de mi familia de Canarias, me gustaría escribirles unas carticas y dame detalles de cuántos quedan, si están casados, o solteros…»

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