El Área 60 del TEA acoge la reflexión artística de la creadora argentina Mónica Sardiña sobre los límites del cuerpo


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Hasta el 1 de Abril de 2012.

Área 60 del TEA Tenerife Espacio de las Artes.

El Área 60 del TEA acoge la reflexión artística de Mónica Sardiña sobre los límites del cuerpo.

Área 60 del TEA Tenerife Espacio de las Artes aspira a ser plataforma de jóvenes creadores. Mónica Sardiña reflexiona plásticamente, desde el 13 de marzo y hasta el 1 de abril, sobre los límites del cuerpo: los internos, los externos y sus metáforas.

Este trabajo reflexiona plásticamente sobre los límites del cuerpo: los internos, los externos y sus metáforas. Las figuras representadas, los materiales de la representación y sus interacciones. Las zonas limítrofes del espacio plástico (y sus materiales), el límite material del cuerpo y el que hay entre los cuerpos. La piel, la membrana, el lienzo, el papel, la pantalla. Las metáforas visuales de límite, cerco, umbral o articulación en tanto que lugares o espacios móviles con entidad propia, donde las imágenes transitan e interactúan a través de mediaciones y transiciones comunicantes. Como el aceite se desplaza sobre el papel que empapa, abriendo un nexo translúcido entre los dos espacios que cala.

La obra de la creadora argentina afincada en Tenerife, Mónica Sardiña, bajo el título de “Corpus”. La muestra permanecerá abierta hasta el 1 de abril, de martes a domingo y de 10:00 a 20:00 horas.

Mónica Sardiña – Corpus

Este trabajo reflexiona plásticamente sobre los límites del cuerpo: los internos, los externos y sus metáforas. Las figuras representadas, los materiales de la representación y sus interacciones. Las zonas limítrofes del espacio plástico (y sus materiales), el límite material del cuerpo y el que hay entre los cuerpos. La piel, la membrana, el lienzo, el papel, la pantalla…

Las metáforas visuales de límite, cerco, umbral o articulación en tanto que lugares o espacios móviles con entidad propia, donde las imágenes transitan e interactúan a través de mediaciones y transiciones comunicantes. Como el aceite se desplaza sobre el papel que empapa, abriendo un nexo translúcido entre los dos espacios que cala. Una dinámica que es como una membrana osmótica que –al desplazarse–articula imágenes,  rastros, rostros, cuerpos.

Aceites que conformaron rostros son ahora su rastro en el papel. Cajas de luz que habían atravesado cuerpos, iluminan rostros como espectros. Rasgos que componían rostros, desarticulados y rearticulados bajo una combinatoria que trastoca identidades y rehace tanto como borra.

La irrupción de (neo)formas, más o menos humanas, con nuevas capas de piel, impermeables, sin ósmosis. Un nuevo cuerpo que es mero contorno articulado, sin corporeidad tangible ni lenguaje (ni siquiera del cuerpo), pura articulación de miembros fantasmas. Seres impenetrables que se han creado una nueva piel, que quizás sean solo piel.

La membrana opaca toda interacción, la vuelve unidireccional, la anula. La subjetividad queda doblemente oculta, irreconocible, inidentificable tras la prótesis. Pero también el retrato, como una máscara que aúna (y comunica) a los vivos y los muertos: éstos aún muestran rastros de vida y los vivos se preparan para (sobrevivir a) su muerte.

La metáfora pictórica del cerco osmótico como umbral entre dos entes o realidades, como un rastro que comunica y hace visible lo ausente. Las
imágenes como fantasmas (phantasma en griego e imago en latín eran eso mismo) moviéndose en el umbral entre la cosa y su ausencia.

Más sobre Mónica Sardiña en www.monicasardinhia.com

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