El artista canario Juan Carlos Batista expone un ‘Paisaje amnésico’ en la galería Nieves Fernández de Madrid


8 de Junio de 2012.

Juan Carlos Batista expone un ‘Paisaje amnésico’ en la galería Nieves Fernández de Madrid.

La muestra que se puede ver hasta finales de julio está incluida dentro del proyecto Photoespaña off.

Juan Carlos Batista expone hasta finales del mes de julio, Paisaje amnésico 1999-2012, en la galería Nieves Fernández de Madrid. Este proyecto está incluido dentro de la propuesta Photoespaña off, que no es otra cosa que la incorporación de conocidas galerías de Madrid, ofertando fotografías y previa selección, al festival de Photoespaña.

En la exposición se puede ver un políptico de 24 instantáneas, un montaje de 12 esculturas a modo de bosque (The black forest 2010-2012) y varias esculturas independientes, Bóveda anómala (2012) y La sombra fósil (2010). El nexo entre la escultura y la fotografía no solo es la temática de la naturaleza, sino también el predominio del color negro.

Cada una de las piezas de Juan Carlos Batista, (Tenerife, 1960), construye un simulacro, una ficción que no pretende aparentar veracidad. La serie de fotografías que presenta en la galería madrileña las inició 1999 y representan micro- paisajes que rastrean una infinidad de decalcomanías.

Según palabras del propio autor, estos paisajes inventados sin memoria, sin pasado, “sin una geografía real donde ubicarlos eran, entre otras cosas, un intento ilusorio de reponer el paisaje que nos estaba usurpando la voraz especulación urbanística de aquel momento”.

El artista Juan Carlos Batista junto a su escultura 'La sombra fósil'

El montaje de las 12 esculturas puede parecer las pesadillas de un bosque, pero también pueden ser los miedos y patologías que el autor trata de ahuyentar, transfiriéndolos a otros reinos. Como en trabajos anteriores, se repite la convivencia de lo real y lo ficticio sin jerarquías; las mentiras y las verdades soldadas construyendo objetos “verdaderos”, como en la vida misma.

Vivimos en un mundo irreal, cuyos simulacros, producidos en serie, satisfacen los deseos, igualmente fabricados, de una población que necesita entender lo que sucede sin ahondar demasiado. Ante este universo fantástico y engañoso, Juan Carlos Batista se inventa una serie de ficciones con las que construye una realidad. “Una realidad no menos real que aquella que se vende como verdadera”, sentencia.

En la serie El paisaje amnésico, Batista obtiene fotografías a partir de decalcomanías. Tras realizar cientos de ellas y examinarlas minuciosamente, extrae fragmentos replanteados como minúsculos paisajes. La primitiva técnica de fotografiar las manchas, y sus limitaciones, acentúa además la expresividad de estas caprichosas manchas de tinta.

Juan Carlos Batista destruye y reconstruye, una y otra vez, aquellos espacios equívocos donde los mecanismos de la representación se llevan al límite, y nos obliga a cuestionarnos la verdad, pero de un modo casi imperceptible, poético y en ocasiones lúdico. Una abstracción hecha realidad, un “paisaje amnésico”, un “paisaje sin estrenar, sin pasado, sin historia, sin una geografía real donde ubicarlo. Lo real nace de un sueño, un sueño de tinta”, nos dice.

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