El MNH proyecta ‘Andalusie, mon amour’ dentro del ciclo de cine ‘Miradas Marroquíes’


  • Jueves 21 de agosto de 2014.
  • A las 21:30 horas en el Museo de la Naturaleza y el Hombre. Santa Cruz de Tenerife.

El MNH proyecta ‘Andalusie, mon amour’ dentro del ciclo de cine ‘Miradas Marroquíes’.

La actividad se enmarca dentro del Festival Cultural Musagadir

El Museo de la Naturaleza y el Hombre del Cabildo acoge este jueves 21, a partir de las 21.30 horas, la proyección de la película Andalusie, mon amour. Se trata del tercer título del ciclo Miradas Marroquíes que tiene lugar con motivo del Festival Cultural Musagadir.

La película Andalusie, mon amour (2011) es obra de Mohamed Nadif y narra la historia de Said y Amine, dos estudiantes afincados en Casablanca que sueñan con Europa y acaban en un pueblecito en el norte de Marruecos. Con la ayuda del maestro de la escuela, se embarcan hacia Europa y naufragan. El mar devuelve a Amine al pueblo, mientras que Said llega a una playa española. Pero Andalucía parece un lugar muy extraño. Y Amine, en el pueblo marroquí, empieza a ver cosas extrañas.

El ciclo de cine Miradas Marroquíes refleja cómo es el Marruecos de hoy, con sus luces y sus sombras; un país que aún crece a dos velocidades y en el que conviven modelos de vida muy dispares. Las películas recogen todas las asimetrías de la sociedad marroquí, y han contado con el apoyo financiero del propio Estado. Desde la comedia o el drama, desde la mirada del niño, de la mujer o del hombre nos hablan de esta sociedad en evolución a diferentes velocidades.

La siguiente proyección será el Jueves 28 de agosto con A Jamaâ, una película del año 2010. Para el rodaje de la película anterior de Daoud Aoulad-Syad, En attendant Pasolini, se construyeron los decorados en parcelas alquiladas a los habitantes de un pueblo. Se edificó una mezquita en la parcela de Moha, uno de los vecinos. Al final del rodaje, el equipo se marchó del lugar. Los vecinos derribaron todos los decorados, excepto la mezquita, que se había convertido en un auténtico lugar de culto para el pueblo. Aunque para Moha es desastroso, ya que era el terreno donde cultivaba las hortalizas con las que alimentaba a su familia.

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