Rosario Valcárcel. Dos poemas entresacados del poemario “Himno a la vida”



Rosario Valcárcel.

Dos poemas entresacados del poemario “Himno a la vida” que resultó ganador del XVI Premio de Poesía “Domingo Acosta Pérez”, que organiza el Centro de Día de Mayores de Santa Cruz de La Palma y del que me siento orgullosa de haber recibido.

Porque recibir un premio siempre es una alegría sobre todo si ese premio, como es este caso procede de la isla de La Palma, a la que yo considero también mía, a la que he adoptado. Dicen que uno es del lugar del que canta, del lugar que vive. Pero yo quiero creer que también somos del lugar en donde tenemos vínculos sentimentales, recuerdos de infancia, sueños con las que hemos crecido, con los que nos hemos enamorado, placeres, diversiones.

Evocaciones que cada día reconstruyo, que transformo y que igual que si fuera un tesoro desentierro.

Gracias al jurado de la presente edición compuesto por Julio Marante Díaz, Ramón Araujo Fernández, María Teresa García Escudero y Francisco J. Acosta Felipe, actuando como secretario con voz pero sin voto, Francisco Hernández Betancort.

Gracias por haber elegido “Himno a la vida”, gracias porque en definitiva fueron ustedes, los lectores, los que le dieron el sentido poético a ese conjunto de palabras que yo escribí.

Las ánimas danzan

Quiero olvidar, arrojar el camisón nupcial

al calendario de los sótanos. Y soñar,

soñar que estoy sujeta a la infancia

de alma inmortal.

Pero me despierta el temblor del silencio,

el crujido de unos pasos en el zaguán,

la canción de cuna de una araña.

Retumban las letanías del mar.

Las alas de una mariposa dormida

tembletean como si soñaran con volar.

Quieta, no toso ni respiro,

un frío helado me invade.

Mi corazón late con desorden.

Me santiguo.

A mi alrededor las ánimas danzan,

flotan los ojos de los muertos,

las voces de las campanitas,

el espejismo de un gato negro.

Las cosas malas.

Quiero olvidar, resurgir de los entierros

que atraviesan la casa.

Olvidar los pájaros mudos

y la convulsión de los tambores.

Quiero emerger del son de la flauta

que corrompe los sueños,

del amasijo de la reconciliación:

aborto fugaz.

Sapore de sale, sapore di mare

Rebroté del cuarto oscuro

donde gritaba Barba azul,

del amor muerto que me vigilaba,

dispuesta a buscar los placeres entre los charcos del mar.

Rebroté como los guerreros de Homero

a vencer o a morir.

A veces el amor es insufrible hacha

que nos corta el alma.

El viaje me arrastró al mestizaje de algas húmedas,

a la aromática cadencia del cri-cri de los grillos,

al gozo y la lascivia de margaritas

con sal y limón.

No puedo contener mi risita nerviosa

e igual que una niña que acaba de surgir

al mundo, ardo en deseos de algo nuevo.

Brindo por el rubor de la tierra,

las vestiduras de gaviota.

Muevo las piernas, las caderas, las nalgas.

Río a carcajadas.

Protegida por la exultante luna

alzo la copa y pido un deseo.

Uno los sueños a la vida.

Hago locuras.  

Al ritmo de maracas y palos tarareo:

Sapore di sale, sapore di mare.

La única canción que puede hacerme

creer una mentira.

 

Rosario Valcárcel

Escritora.

Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com

 

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