Tenerife Espacio de las Artes proyecta el documental histórico ‘Tras la estela del Valbanera’


  • Jueves 15 de enero de 2015.
  • A las 20:00 horas en el TEA Tenerife Espacio de las Artes. Santa Cruz de Tenerife.

TEA proyecta el documental histórico ‘Tras la estela del Valbanera’.

El trasatlántico español se hundió en aguas caribeñas en 1919, con 488 personas a bordo, en su mayoría emigrantes canarios.

El Cabildo proyecta este jueves 15, a partir de las 20,00 horas, en TEA Tenerife Espacio de las Artes el documental histórico ‘Tras la estela del Valbanera’, del director Federico José Pérez, quien asistirá al evento de carácter gratuito. Refleja un episodio de la emigración canaria protagonizada por este barco que se hundió en 1919, con todo el pasaje, en aguas caribeñas.

La cinta, rodada entre las Isla Canarias y Cuba, recoge durante 65 minutos la trama de este acontecimiento en el que cientos de canarios fueron dados por muertos, a pesar de que nunca se hallaron sus cadáveres. Así, la noche del 9 al 10 de septiembre de 2019 se cumplirán 100 años del naufragio de este trasatlántico español. Una tragedia en la que perecieron ahogadas 488 personas entre tripulantes y pasajeros, en su mayoría emigrantes canarios. Sus restos no fueron localizados hasta el día 19 de ese mismo mes por el guardacostas de la Marina de los Estados Unidos USS C203 en Half Moon Shoal (Bajos de la Media Luna). De la superficie del agua sólo asomaban los pescantes de babor de la toldilla de popa y el mástil de popa. El buque se encontraba a 12 metros de profundidad reposando sobre su costado de estribor. No había ni rastro de los 488 pasajeros y tripulantes que se habían hundido con el barco.

Cuando el Valbanera zarpó del último puerto, antes de cruzar el Atlántico, llevaba a bordo a 1.230 personas, entre pasajeros y tripulantes. Se había hecho a la mar en Barcelona el 10 de agosto de 1919, para tomar rumbo a América con escalas en Cádiz, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Santa Cruz de La Palma, San Juan de Puerto Rico, La Habana, Galveston y Nueva Orleans. Así, después de su última escala en Santiago de Cuba, el vapor español desatracó del muelle y enfiló la proa hacia la capital de Cuba con 488 personas a bordo. Un diario habanero escribió después de la cruel tragedia: “¿Conocía el capitán Martín Cordero la formación de un gran ciclón en el Golfo? Es una pregunta que probablemente quedará para siempre sin respuesta. Desde la Punta de Maisí fue avistado el buque por penúltima vez, navegando a toda máquina en un mar extrañamente en calma y, como telón de fondo, un cielo que comenzaba a llenarse de amenazadoras nubes”.

En la noche del 9 de septiembre algunos marineros de buques atracados en el puerto habanero escucharon entre el tronar del viento el desesperado aullido de una sirena pidiendo práctico. Los marinos contaron después que llegaron a distinguir las luces de un vapor que capeaba el temporal frente al Castillo del Morro mientras hacía insistentes señales en Morse con una lámpara. Desde la Capitanía del puerto le comunicaron por esa misma vía que, por las peligrosas condiciones del tiempo, era imposible enviarle un práctico.

Cuentan las crónicas de la época que el capitán del Valbanera entendió perfectamente el mensaje e informó a su vez que intentaría escapar del huracán mar afuera. El buque viró lentamente hacia el norte entre las crestas de las gigantescas olas que se estrellaban contra los acantilados. En pocos minutos sus luces se perdieron entre la lluvia y las cortinas de agua salada. No sospechaba el marino que el huracán llevaba la misma dirección.

El Valbanera nunca llegó a La Habana, y naufragó sin que nadie sobreviviera. Después que pasó el ciclón buscaron el barco por la zona durante diez días hasta que un cazasubmarinos norteamericano lo encontró a 40 pies de profundidad frente a la costa de Florida. Probablemente muchos portillos y ventanales de la banda de estribor de la superestructura debieron resultar rotos y las arenas movedizas pronto invadieron las cámaras del trasatlántico. Minutos después, cuando todo acabó, el barco se había hundido a algo más de doce metros en un fondo de arenas movedizas. Los palos del viejo trasatlántico sobresalieron de la superficie del mar durante años, marcando el límite occidental de las arenas movedizas. En abril de 1924, casi cinco años después de la tragedia, el Key West Citizen, periódico local de Cayo Hueso, publicó la noticia de que el palo de mesana del Valbanera había desaparecido bajo el mar.

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